Ilustraciones Surrealistas de la Subcultura Obscura/ Dark Culture

Cuento Corto

Varney El Vampiro: El Visitante de la tormenta (Cuento Corto Extracto)

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Introducción Hexen 2.10.2014

Hada BotonTomado de “Antes y Después de Drácula”
A continuación se transcribe el texto, traducido al español, del primer capítulo de Varney el Vampiro. La edición no dá crédito al traductor

Hada BotonVarney el Vampiro (1847) atribuído a Thomas Preskett Prest
Título Original: Varney the Vampire or The Feast of Blood (Folletín de 109 capítulos semanales publicados posteriormente en un volúmen de 868 pgs)

 

Las doce solemnes campanadas del viejo reloj de la catedral acaban de anunciar la medianoche. El aire es pesado, denso, y una extraña quietud de muerte invade la naturaleza. Todo parece algo así como una inmensa tumba.

Mas de pronto, el paisaje cambia. Empieza a granizar. Sí. Una tormenta de granizo ha estallado sobre la ciudad. Las hojas de los árboles y sus ramas más tiernas son diezmadas. Los cristales de las ventanas son azotados con furia por el helado pedrisco, y se rompen, y aquel mundo de silencio de antes se convierte en un estruendo que ahoga los gritos de sorpresa y consternación de los habitantes de la ciudad que ven sus hogares invadidos por la tormenta. ¡Vaya tempestad! ¡Granizo, lluvia y viento! Ciertamente, una noche infernal.

En una vieja casa hay una antigua habitación. Raros y abundantes labrados adornan las paredes y hasta la gran chimenea resulta una curiosidad por sí misma. El techo es bajo, y un largo ventanal, que va de pared a pared y de arriba a abajo, mira hacia el Oeste. Este ventanal se compone de muchos paneles que enmarcan cristales con singulares figuras pintadas en vivos colores y que proporcionan al aposento una extraña y bella luz cuando el sol o la luna da en ellos.

Hay una cama en la habitación, construida con madera de nogal, de un diseño exquisito y bellamente labrada también. Se trata de una gran obra de artesanía de la época isabelina. De la parte superior cuelgan sedas y damascos. Algunos penachos de plumas, no faltos de polvo, pueden verse en los rincones y todo el aspecto en sí del aposento tiene algo de fúnebre. El pavimento es de roble pulido.

¡Dios! ¡Hay que ver con qué fuerza golpea el granizo en la vieja ventana! Parece como si un batallón de fusilería descargara sin cesar contra los pequeños vidrios, pero éstos resisten. Su reducido tamaño los salva. El granizo, la lluvia y el viento descargan en vano su furia contra ellos.

La cama de aquella vieja habitación no está vacía. Una hermosa criatura, bella y joven como una mañana de primavera, yace en ella medio dormida, con su espléndida cabellera extendida sobre la almohada. Se nota que su sueño no ha sido tranquilo y reparador porque las ropas de la cama están muy revueltas. Uno de los brazos descansa sobre la cabeza y el otro cuelga de un lado de la cama. Su cuello y su pecho son tan hermosos que parecen hechos por algún genio de la escultura. En su adormecimiento, mueve los labios ligeramente como si estuviera recitando una plegaria a Aquel que vino al mundo a sufrir por todos nosotros.

Como cuando se acostó estaba tan fatigada, la tormenta no ha tenido suficiente fuerza para truncar su sueño aunque sus furiosos elementos sí se lo han alterado.

¡Oh! ¡Qué hechizo emanaba de aquella boca entreabierta en la que podía verse una hilera de dientes como perlas que incluso con la sola leve luz que entraba por el ventanal podían brillar! Sus largas pestañas yacían sobre sus mejillas. Se mueve un poco y queda un hombro al descubierto. Su piel es suave como la seda. Se trata, en suma, de un capullo de mujer. ¿Relampaguea? Sí. Un terrorífico y vívido flash seguido del estruendo de un gran trueno da la impresión de que en el cielo unas montañas se abalanzan sobre otras. ¿Quién duerme ahora en la vieja ciudad? Nadie. La temible trompeta de la eternidad no hubiera despertado a sus habitantes con más eficacia.

La granizada continúa. El viento también. La furia de los elementos parece hallarse en su punto álgido. La muchacha que descansa en la antigua cama se despierta, abre sus azules ojos y un grito de alarma sale de sus labios. Pero el grito queda ahogado por el estruendo de la tormenta. Se incorpora en la cama y se restriega los ojos. Un gran relámpago se estrella contra el ventanal, iluminando con su fantasmagórico luz el aposento y haciendo resaltar las figuras de los cristales.

Un grito de terror sale de la boca de la joven, mientras con los ojos fijos en la ventana, ahora oscura, su cuerpo tiembla.

«¿Qué es lo que ha sucedido?», se pregunta con angustia. «¿Ha sido una visión real o pura imaginación?» «¡oh, Dios!» Sí, lo ha visto. La luz del relámpago se lo ha mostrado. Una figura alta y delgada, de pie, junto al ventanal, intentaba abrir desde el exterior.

El viento se ha calmado un poco, el granizo ya no cae con tanta fuerza, pero un extraño repiqueteo sigue proviniendo de la ventana. No puede ser figuración suya. Está despierta y oye. «¿Qué es lo que puede producir aquello?» Un nuevo relámpago y otro grito. Ahora ya no se trata de ninguna ilusión. Una figura alta y flaca permanece en el borde exterior del ventanal. Son las uñas de sus dedos las que siguen produciendo aquel ruido, ahora que el granizo ha cesado. Un miedo intenso la paraliza, y con las manos entrelazadas, el corazón latiéndole tan violentamente que parece que le va a estallar, el rostro como el mármol y los ojos dilatados y fijos en la ventana, permanece inmóvil.

El ruido de las uñas golpeando los cristales continúa. No se oye una palabra, y ella sigue distinguiendo la oscura figura, una figura con largos brazos que se mueven como alas y que, de alguna manera, trata de entrar.

¿Qué extraña luz es ésta que ahora va invadiendo el ambiente? Roja, terrible, y cada vez más brillante. Un rayo ha caído en una fábrica incendiándole y el reflejo del fuego que rápidamente consume el edificio da contra el amplio ventanal. La figura sigue allí, golpeando los cristales con sus largas uñas, unas uñas que parece no han sido cortadas durante años y años.

La joven quiere gritar, pero no puede. Sus labios parecen haberse vuelto de plomo. Aquello es demasiado horrible. Apenas si puede susurrar «¡Socorro! ¡Socorro!» Y sigue repitiendo esta palabra como en una imperceptible letanía.

El rojo resplandor del incendio continúa iluminando la terrorífica figura pegada a la ventana. Un panel de ésta es roto y por él penetra una mano larga, que parece falta de carne; fuerza la cerradura, quedando media hoja del ventanal abierta y girando sobre sus goznes.

La muchacha no puede ni gritar ni moverse. Tan sólo sigue susurrando, «¡Socorro! ¡Socorro!»

«¡Oh, Señor! ¡Qué horrible visión la que tiene delante de sus ojos! Una visión tan espantosa que es capaz de anular de golpe todo lo bello que uno haya podido ver en este mundo.»

La figura se vuelve y la luz le da de lleno en la cara. Ésta es blanca, sin sangre, los ojos como de metal pulido, y de sus labios estreabiertos salen unos dientes largos, blancos y afilados, como de animal salvaje dispuesto a atacar.

La figura se aproxima hacia la cama con extraño y deslizante movimiento, chasqueando sus largas uñas que parecen colgar de sus dedos. Ningún sonido sale de la boca de la joven. Tan atenazada está por el terror que ni tan siquiera puede abrirla para pedir socorro. «¿Estará volviéndose loca?»

El poder de sus articulaciones desaparece, aunque puede deslizarse por sí misma hacia el lado de la cama a donde se acerca la terrorífica aparición. Sus ojos están fascinados por la mirada de aquellos ojos metálicos que se inclinan hacia su rostro. Ahora, la enorme y horrenda figura parece reducirse, siendo su cara lo que más destaca de ella. «¿Por qué sucede así? ¿Qué necesita de allí? ¿Qué es lo que la hace tan horrible? ¿Cómo podía existir en la tierra un ser tan insólito y tan repulsivo y qué hacía precisamente allí?»

Cuando estaba al borde de la cama, la figura se detuvo y pareció como si la vida en la muchacha se detuviera también. Inconscientemente se agarró a las ropas de la cama. Su respiración era entrecortado y densa, su pecho se elevaba palpitante y sus labios temblaban mientras seguía sin poder apartar los ojos de aquella cara de mármol cuyos relucientes ojos metálicos la anulaban.

Ha cesado la tormenta. Los vientos se han apaciguado y ha renacido la calma. El viejo reloj de la catedral ha dado la una. Un silbante sonido sale del pecho de aquel terrorífico ser y levanta sus largos y flacos brazos. Mueve los labios, avanza. La muchacha pone en el suelo uno de sus pequeños pies. Inconscientemente arrastra la ropa con ella. La puerta del aposento se halla en aquella dirección. ¿Podrá alcanzarla? ¿Podrá andar? ¿Podrá apartar sus ojos de los de aquel intruso y romper el terrorífico encantamiento? ¿Es todo esto real o tan sólo un mal sueño pero tan intenso como para trastornar el juicio?

La figura se detiene de nuevo y, mitad en la cama, mitad fuera de ella, la muchacha sigue temblando, sus largos cabellos formando un río sobre la almohada. Esta pausa debió durar un minuto, pero un minuto que fue de agonía. Un minuto bastó para que la locura consumara su trabajo.

Con una súbita rapidez que no hubiera podido ser ni prevista, con un extraño alarido que hubiera bastado para aterrar al corazón más valiente, asió los largos cabellos de la muchacha, los retorció con sus huesudas manos y la ató con ellos.

Entonces, ella gritó —el cielo le había concedido de nuevo la facultad de poder gritar—. A un grito sucedió otro, y otro. Las ropas de la cama cayeron y ella fue arrastrada, mientras en sus bellos labios aparecía el rictus de la agonía.

Los metálicos y terroríficos ojos de la figura miraban aquel angélico cuerpo con demoniaca satisfacción. Arrastró su cabeza hasta el borde de la cama, la dobló hacia atrás y, hundiendo sus afilados dientes en su blanco cuello, chupó su sangre. La muchacha quedó desfallecida y el vampiro apuró hasta el final su banquete.

Varney


Cuento Corto basado en un Hecho Real: La Pócima Vudú De Amor Comprada Con Sangre

House of Voodoo

La Pócima Vudú De Amor Comprada Con Sangre
Autor: Brad Steiger y Sherry Hansen Steiger
Incluído en el libro original: Demon Deaths 1991 / Recopilación en Español: Amanecer Vudú. Varios Autores
Hecho real sucedido en 1956. Juan Rivera Aponte fue detenido en Julio de 1957. 
Lectura en #HEXENTELEPATICO 17.04.2014

Las narraciones de los consortes demoníacos también traen a la mente aquellos ejemplos en que los satanistas descarriados han buscado crear pócimas de amor que les dieran un poder ilimitado sobre el sexo opuesto. Un acontecimiento que tuvo lugar en New Jersey hace unos años es un clásico ejemplo de cómo la combinación de sexo, vudú y oscuros deseos puede provocar un motivo espeluznante para el asesinato y el sacrificio humano.

Juan Rivera Aponte había nacido en Puerto Rico y había sido educado en una mezcla de cristianismo, magia negra y vudú. Siempre desde su infancia había oído a los hechiceros hablar de una legendaria fórmula que podía darle a un hombre control sexual completo sobre las mujeres.

Cuando vino a los Estados Unidos, consiguió un trabajo en una granja de pollos en las afueras de Vineland, New Jersey. Se encargó de traer consigo algunos de los antiguos libros de magia negra de su familia en su vieja maleta, y una vez que finalizaba sus tareas en la granja se pasaba las noches indagando en los viejos volúmenes en busca de la pócima mágica de amor. Aunque esas noches eran más bien solitarias y deprimentes, en su corazón sabía que pasaría las noches futuras haciendo el amor con mujeres hermosas.

Su mente enfebrecida se había centrado en una muchacha en particular. Una hermosa estudiante de instituto de ojos oscuros, cabello negro y un cuerpo que empezaba a florecer había llegado a obsesionarle. Juan sabía que ella era demasiado joven para casarse, pero la magia la obligaría a entregarse a él.

Control Completo Sobre Las Mujeres, Que Las Convierte En “Esclavas De Amor”

Finalmente, en un viejo libro de vudú, encontró la fórmula para una legendaria pócima “esclava de amor”. Había vuelto las amarillentas y frágiles páginas del antiguo tomo hasta que sus ojos se clavaron en el texto español bajo el título que prometía Pócimas de Amor.

Le temblaba todo el cuerpo de ansiedad mientras leía las instrucciones y los ingredientes. Las alas de murciélago desecadas serían fáciles de conseguir. Las entrañas de lagarto presentaban pocos problemas.
Confiado, siguió leyendo. Mezclaría y prepararía la pócima de inmediato. Todas las mujeres que deseaba serían sus esclavas de amor.

Polvo Triturado Del Cráneo De Un Niño Inocente

Entonces leyó el último ingrediente, y la respiración se le entrecortó ásperamente en la garganta.
“Rocía la pócima con harina de huesos reseca y triturada de un cráneo humano. El polvo ha de prepararse del cráneo de un niño inocente.”
Juan soltó el libro y se levantó de la silla de un salto. Aunque quedó momentáneamente asqueado de horror ante esa cosa sórdida que debía hacer, sabía que ningún precio sería demasiado alto por su derecho a tener a cualquier mujer que quisiera.

La noche del 13 de octubre, Roger Carletto, un estudiante de instituto de trece años, planeaba ir al cine en Vineland con su hermana.
—Un tío me debe un dólar —le dijo a su hermana—. Espérame mientras voy a pedírselo.
Montó en su bicicleta y pedaleó a toda velocidad por North Mill Road en dirección a las afueras de la ciudad.
Cuando Roger no regresó en un tiempo razonable, su hermana se lo contó a sus padres, y después de un intervalo más largo, la familia se lo notificó a la policía. A Roger Carletto nunca más se lo volvió a ver vivo.

Pasó el invierno, y cuando llegó el deshielo de la primavera, se repitió el dragado de los ríos y estanques de los alrededores de Vineland en busca del cuerpo del chico desaparecido.
En el verano todo el mundo se preguntaba qué le había sucedido a Roger Carletto. La policía aún carecía de pistas sobre su desaparición. Era como si el chico, sencillamente, hubiera entrado en otra dimensión.

El Cuerpo Desmembrado En El Gallinero

Entonces, en la noche del 1 de julio, las autoridades recibieron por fin su primera pista en el caso. Los patrulleros Joseph Cassissi y Albert Genetti respondieron a una llamada nocturna realizada por un granjero de North Mill Road que dijo que su mozo de campo se había vuelto completamente loco.
Según el joven granjero, su esposa se había despertado durante la noche y había descubierto a su mozo, Juan Rivera Aponte, paralizado en su cuarto de baño, de pie, como si fuera una estatua de piedra. Tenía un palo en la mano, que comenzó a blandir ante la pareja, hasta que el granjero se lo arrebató.
Los dos agentes de policía fueron conducidos hasta el cuarto de Aponte, situado encima del gallinero. Era un hombre delgado, de cabello y ojos oscuros, casi hipnóticos. Dormía en un camastro rodeado de varias botellas de cerveza vacías. Las paredes del cuarto estaban cubiertas de fotografías de chicas desnudas y estrellas de cine.

Durante el interrogatorio inicial de Aponte, afirmó que su jefe, el joven granjero, había matado al niño Carletto y lo había enterrado en el gallinero.
Siguiendo las instrucciones del mozo de campo, la policía se puso a excavar en el suelo de tierra del gallinero y quedó sorprendida al encontrar el cadáver del muchacho. El cuerpo estaba vestido sólo con unos pantalones cortos, y le faltaba la parte superior del cráneo, la mano izquierda y un pie. Siguiendo con la excavación, los agentes desenterraron el pie y la mano, pero no pudieron encontrar rastro alguno de la parte que faltaba del cráneo.
Al horrorizado granjero, que estaba demasiado atontado para protestar por su inocencia, se le pidió que acompañara a los agentes a la comisaría.
El detective Tom Jost no podía creer que el granjero fuera culpable, aduciendo que tenía fama de ser un hombre muy trabajador y de buen carácter. Aponte había afirmado que su jefe había matado a Roger Carletto debido a su ascendencia italiana, y que el granjero odiaba a todos los italianos porque en la Segunda Guerra Mundial habían sido fascistas. Jost no podía tragarse un prejuicio que se remontaba a la Segunda Guerra Mundial como un motivo convincente para matar y mutilar a un adolescente.

Libros Extraños Y Antiguos de Magia Negra, Vudú y Hechizos de Amor

El capitán John Bursuglia tampoco se creyó la historia. Ordenó un registro del cuarto de Aponte y contrató a un traductor para que le contara qué había en todos esos libros viejos escritos en español.
Entonces, a la mujer joven que había actuado como intérprete durante los interrogatorios de Aponte se le asignó la lectura de los libros del mozo de campo. No le hizo falta más que un vistazo para informarle al capitán Bursuglia que los volúmenes trataban de vudú, rituales de magia negra e instrucciones sobre cómo hechizar a la gente.
Varios días después consiguió la total atención del oficial de policía, cuando leyó en voz alta los ingredientes para una pócima de amor especial, una que requería el cráneo de un niño inocente.
Después de cinco horas de ser interrogado por los detectives y de dar respuestas evasivas e insatisfactorias, el puertorriqueño finalmente se derrumbó y confesó el asesinato de Roger Carletto.
Aponte explicó cómo había necesitado esa pócima de amor con el fin de conseguir a la chica de sus sueños. Se había estado preguntando dónde podría dar con un joven inocente cuando Roger Carletto llamó a su puerta. Éste le había prestado un dólar a Aponte y quería que se lo devolviera.

Habría Matado A Cualquiera Para Conseguir Ese Cráneo

—Necesitaba el hueso triturado del cráneo —dijo Aponte con indiferencia—. Habría matado a cualquiera para conseguir ese cráneo. Dio la casualidad de que Roger fue el primer niño que apareció.
Los horrorizados oficiales escucharon en silencio mientras Aponte describía cómo había golpeado al muchacho, cómo le había estrangulado con una cuerda y cómo había enterrado luego el cuerpo en el suelo de tierra del gallinero.
—No dejé de regar la tumba para evitar que el cuerpo se hundiera —explicó—. No quería que mi jefe viera la depresión en la tierra y sospechara algo.
”Pasados unos meses, desenterré el cuerpo y le saqué la parte superior del cráneo con un cuchillo de cocina. Luego volví a meterlo en la tumba, le pasé unos alambres al cráneo y lo colgué dentro del hornillo de mi cuarto. Quería que se secara rápidamente para poder terminar la pócima.
¿Por qué había irrumpido aquella noche en el hogar de su jefe?
Aponte sólo pudo sugerir que había bebido mucha cerveza y que quizá quería que lo atraparan. Tal vez su conciencia le había vencido.
—Creo que lo hice con el fin de que viniera la policía y me arrestara.

Las pruebas psiquiátricas indicaron que Juan Aponte conocía la diferencia entre el bien y el mal. Durante su juicio, el asesino del vudú presentó un alegato de no defensa y fue sentenciado a cadena perpetua.
—Jamás llegué a completar mi pócima de amor de esclava —se quejó Aponte a un compañero de celda antes de ser trasladado a una prisión estatal—. Sé que habría funcionado. Podría haber obtenido el poder para tener a cualquier mujer que quisiera.


Cuento Corto: Un Experimento Militar Ruso de 1940 consiguió crear 5 Zombies.

Zombie
Artículo colaboración de Horatio Vidale.
Fuente original y autor desconocida
En muchos blogs se presume como una historia verdadera que genera opiniones encontradas. 
Lectura en HexenTelepático: 17.04.2014

Un nutrido grupo de investigadores rusos, en la década de 1940, mantuvieron a cinco personas despiertas durante quince días utilizando un estimulante basado en un gas experimental. Los sujetos del experimento se mantuvieron en un ambiente sellado y monitoreado cuidadosamente su consumo de oxígeno, por lo que el gas no los mató, ya que era tóxico en altas concentraciones.
Todo el experimento fue seguido mediante circuito cerrado de cámaras de tv, micrófonos internos y externos, y 5 pulgadas de espesor de vidrio para las ventanas de la cámara donde estaban encerrados los sujetos del experimento. La cámara estaba equipada con libros, cunas para dormir, pero sin ropa de cama, agua y un aseo. También comida especial suficiente para todo el tiempo que durara el experimento; nadie entraría y nadie saldría durante ese periodo de tiempo.

Los sujetos de prueba fueron presos políticos considerados enemigos del Estado durante la Segunda Guerra Mundial, y se les prometió su liberación si se ofrecían voluntarios para el experimento.

Todo fue bien durante los primeros 5 días, y los sujetos apenas se quejaron, pese a que les engañaron, no fueron liberados y el experimento duró 30 días. 30 días en los que no durmieron, el gas se lo impedía. Sus conversaciones y actividades fueron monitoreadas y se observó que hablaban de los incidentes traumáticos de su pasado, poco a poco el tono general de sus conversaciones adquirieron un aspecto más oscuro, sobre todo después del cuarto día de experimento.

Después de cinco días de haber comenzado a quejarse de las circunstancias y eventos que los llevaron a donde estaban, empezaron a demostrar paranoia severa. Dejaron de hablar el uno al otro y comenzaron alternativamente a susurrar a los micrófonos, y a una forma de espejo, ojos de buey donde los observaba los científicos del experimento. Curiosamente todos ellos parecían estar pensando que podían ganar la confianza de los experimentadores denunciando a sus compañeros, los otros sujetos en cautiverio con ellos. Al principio, los investigadores sospecharon que esto era un efecto del propio gas …

Después de nueve días, el primero de ellos comenzó a gritar. Recorrió la estancia gritando a pleno pulmón durante 3 horas seguidas, y continuó tratando de gritar el resto del día, pero sólo fue capaz de producir chillidos ocasionales. Los investigadores anotaron que el individuo había roto sus cuerdas vocales. Lo más sorprendente acerca de este comportamiento es como los otros prisioneros reaccionaron a ella… o más bien no reaccionaron a ella. Continuaron susurrando a los micrófonos hasta que el segundo de los prisioneros comenzó a gritar también. Los 2 cautivos que no gritaron tomaron los libros de la estancia y, página tras página, las impregnaron con sus propias heces y las pegaron, con mucha calma, en los ojos de buey de cristal. Los gritos cesaron inmediatamente, y también los susurros en los micrófonos.

Después de 3 días sin noticias de la cámara de experimentos, los investigadores revisaron los micrófonos para asegurarse que el experimento continuaba en marcha, ya que pensaban que era imposible que ningún sonido de 5 personas en el interior pudiera estar llegándoles. Además el consumo de oxígeno en la cámara indicó que las 5 personas todavía estaban vivas.
En la mañana del día 14, los investigadores hicieron algo que ellos dijeron no iban a hacer, obtener una reacción de los cautivos utilizando el intercomunicador interior de la cámara, con la esperanza de provocar una respuesta de los cautivos, pues temían que estuviesen muertos o en estado vegetativo.

Se anunció lo siguiente: “Estamos abriendo la cámara y probamos los micrófonos, túmbense en el suelo o se le disparará. Si lo cumplen se los liberará inmediatamente”.

Para su sorpresa, oyeron una sola frase en una respuesta de voz calmada: “Ya no queremos ser liberados.”

El debate se desató entre los investigadores y las fuerzas militares que financiaban la investigación. No se pudo provocar más respuestas utilizando el intercomunicador, por lo que finalmente se decidió abrir la cámara a la medianoche del día decimoquinto.

La cámara se purgó del gas estimulante y se llenó de aire fresco. De inmediato voces procedentes del interior de la estancia, y que se escuchaba por los micrófonos, comenzaron a oponerse a que se abriera y entrasen. 3 voces distintas empezaron pidiendo, como rogando por la vida de sus seres queridos, encender el gas de nuevo. La cámara se abrió y entraron los soldados enviados para recuperar a los sujetos de prueba. Comenzaron a gritar más fuerte que nunca, y así lo hicieron los soldados al ver lo que había dentro. Cuatro de los cinco sujetos estaban aún con vida, aunque nadie podía, con razón, afirmar o negar que ninguna de ellas estuviese realmente viva.

Las raciones de alimentos, pasados ​​los 5 primeros días, no habían sido siquiera tocadas. Había trozos de carne de los muslos de uno de los sujetos de prueba y del pecho, metidos en el desagüe en el centro de la cámara, bloqueando el drenaje y 4 pulgadas de agua que se acumulan en el suelo. Precisamente, la cantidad de agua en el suelo fue en realidad sangre, aunque nunca se determinó. Los cuatro “supervivientes”, sujetos de prueba, también tenían una gran parte de los músculos y la piel arrancados de sus cuerpos. La destrucción de carne y hueso expuesto en sus puntas de los dedos indicaba que las heridas fueron infligidas a mano, no con los dientes, es lo que los investigadores pensaron inicialmente. Un examen más detallado de la posición y el ángulo de las heridas indicó que la mayoría, si no todos ellos, eran autoinfligidas.

Se habían eliminado los órganos abdominales por debajo de la caja torácica de los cuatro sujetos de prueba y puesto en el suelo, en abanico alrededor del eviscerado, pero los cuerpos de los sujetos aún vivían… Mientras que el corazón, los pulmones y el diafragma se mantuvieron en su lugar, la piel y la mayoría de los músculos que se insertan en las costillas habían sido extirpados, y se veía la exposición de los pulmones a través de la caja torácica. Todos los vasos sanguíneos y los órganos permanecieron intactos. El tracto digestivo de los cuatro podría ser visto trabajando, digiriendo los alimentos. Pronto se hizo evidente que lo que estaban digiriendo era su propia carne que habían robado y comido de su cuerpo a lo largo del día.

La mayoría de los soldados eran agentes especiales rusos de las instalaciones, y bien entrenados, pero aún así muchos se negaron a regresar a la cámara para retirar a los sujetos de prueba. Éstos siguieron gritando que los dejasen en la cámara, y, alternativamente, rogado y exigiendo que conectasen nuevamente el gas paro no así no dormirse.

Para sorpresa de todos, los sujetos de prueba opusieron una férrea lucha en el proceso de ser sacados de la cámara. Uno de los soldados rusos murió rápidamente, le arrancaron la garganta, otro fue gravemente herido por que le arrancaron los testículos de cuajo y una arteria de la pierna le fue cortada por el mordisco de uno de los sujetos, y otros 5 de los soldados perdieron la vida si se cuentan los que se suicidaron en las semanas después del incidente.

En la lucha, uno de los sujetos de prueba sufrió roturas en el bazo y se desangró casi de inmediato. Los investigadores médicos intentaron sedarlo pero esto resultó imposible. Le fue inyectado más de diez veces la dosis humana de un derivado de la morfina y todavía luchó como un animal acorralado, rompiendo las costillas y el brazo de un médico. Su corazón seguía latiendo 2 minutos después de haberse desangrado totalmente, había más aire en su sistema vascular que en la sangre. Incluso después de detenerse totalmente el corazón, el sujeto continuó gritando y desgranado por otros 3 minutos; luchaba y atacaba a todos a su alcance y repitiendo la palabra “más” una y otra vez, cada vez más débil, hasta que finalmente se quedó en silencio.

Los tres sujetos que sobrevivieron estaban muy restringidos y se trasladaron a un centro médico, los dos con cuerdas vocales intactas continuamente pidiendo el gas exigiendo que se le mantuviesen despiertos…

El más dañado de los tres fue llevado a la única sala de operaciones quirúrgicas que la instalación tenía. En el proceso de preparación, para que sus órganos volviesen a ser colocados dentro de su cuerpo, vieron que éste era inmune a los sedantes que le habían dado a fin de prepararlo para la cirugía. Luchó furiosamente contra sus ataduras, aún cuando se le suministró el gas anestésico para dormirlo. Se las arregló para destruir la mayor parte de las correas de cuero ancho, de 4 pulgadas, que inmovilizaban sus muñecas, incluso a través del peso de un soldado 100 kilos que las sujetaba también. Al poco rato la anestesia consiguió tranquilizarlo, al instante sus párpados se cerraron y su corazón se detuvo. En la autopsia del sujeto de prueba que murió en la mesa de operaciones, se encontró que su sangre tenía el triple del nivel normal de oxígeno. Los músculos que quedaron unidos a su esqueleto estaban rotos, además de 9 huesos en su lucha para no ser sometido. La mayoría de ellos eran de la fuerza que sus músculos habían ejercido sobre ellos mismos.

El segundo sobreviviente, que fue el primero del grupo de cinco en empezar a gritar y destrozó sus cuerdas vocales, no podía mendigar u oponerse a la cirugía, y sólo reaccionó agitando violentamente la cabeza en señal de desaprobación cuando el gas anestésico fue llevado cerca de él. Afirmó que sí con la cabeza, cuando alguien sugirió, a regañadientes, que si quería la cirugía sin anestesia, y éste no reaccionó durante todo el procedimiento de 6 horas que tardaron en la sustitución de sus órganos abdominales y tratando de cubrirlo con lo que quedaba de su piel. El jefe de cirujanos declaró en repetidas ocasiones que era médicamente imposible para el paciente seguir con vida. Una enfermera, aterrorizada, declaró haber visto en varias ocasiones sonreír al paciente, cada vez que sus ojos se encontraron con los suyos.

Al terminar la cirugía, el sujeto miró al cirujano y empezó a jadear con fuerza, tratando de hablar, y luchando. El cirujano supuso que el paciente quería comunicarlo algo, le dejó una pluma y una libreta para que escribiera que es lo que quería, el paciente escribió lo el siguiente mensaje: “continúe cortando”.

Los otros dos sujetos de prueba se les dio la misma cirugía, tanto sin anestesia como con ella, era igual, no dormían. A pesar de que les fue inyectado dosis tremendamente letales, al cirujano le fue imposible realizar la operación, porque los pacientes se reían continuamente, uno de ellos estaba paralítico debido a las heridas sufridas. Una vez paralizados los sujetos sólo podían seguir a los investigadores con sus ojos. El paralítico trataba de escapar de sus ataduras, y cuando pudo hablar otra vez preguntó por el gas estimulante. Los investigadores trataron de preguntar por qué se habían herido a sí mismos, ¿por qué habían arrancado sus propias tripas y por qué querían el gas de nuevo.
Sólo una respuesta se le dio: “Tengo que permanecer despierto.”

Los tres sujetos sobrevivientes fueron llevados de nuevo a la cámara en espera de determinar que se iba a hacer con ellos. Los investigadores, frente a la ira de sus “benefactores” militares, por haber fallado a los objetivos declarados de su proyecto, consideraron la eutanasia de los sujetos que sobrevivieron, pero un oficial al mando, un ex KGB, vio el potencial, y quería ver lo que sucedería si se pusiera a los sujetos de nuevo en el gas. Los investigadores se opusieron fuertemente, pero fueron invalidados sus reproches.

En preparación para ser sellados en la cámara de nuevo los sujetos fueron conectados a un monitor EEG y tenían sus protectores acolchados para el confinamiento a largo plazo. Para sorpresa de todos, los tres dejaron de luchar en el momento que se les dijo que iban a ponerles el gas. Era evidente, en este punto, que los tres sujetos lucharían durante toda su vida para mantenerse despierto al coste que fuese. Uno de los sujetos tarareaba en voz alta y de forma continua, otro permanecía en silencio y forcejeaba sus piernas contra las ataduras de cuero con todas sus fuerzas, primero a la izquierda, luego a la derecha, luego a la izquierda otra vez por algo en qué concentrarse. El otro restante, estaba sosteniendo la cabeza de la almohada y parpadeando rápidamente. Después de haber sido el primero en ser atado con alambre para el EEG, la mayoría de los investigadores monitoreaban sus ondas cerebrales con sorpresa. Eran normales la mayor parte del tiempo, pero a veces plana inexplicablemente. Parecía como si estuviera sufriendo repetidas ocasiones de muerte cerebral, antes de volver a la normalidad. Esto se plasmaba en el papel, pero fuera del monitor de ondas cerebrales, sólo una enfermera vio que sus ojos se deslizan y cierran al mismo tiempo que coloca la cabeza en la almohada. Sus ondas cerebrales cambiaron inmediatamente a la del sueño profundo, entonces se vio un flatlined por última vez cuando su corazón se detuvo al mismo tiempo.

El único sujeto, el que podía hablar, comenzó a gritar para enmudecer al instante. Sus ondas cerebrales mostraron los mismos flatlines como el que acababa de morir al caer dormido. El comandante dio la orden de sellar rápidamente la cámara con las dos sujetos en el interior, así como 3 investigadores. Uno de ellos de inmediato sacó su arma y disparó a quemarropa al comandante entre los ojos, y luego en silencio volvió el arma y se voló los sesos también.

Otro apuntó con su arma al otro sujeto restante, todavía restringido a una cama, ya que los restantes miembros del equipo de investigación médica había huido de la habitación. “No voy a estar encerrado aquí con estas cosas! No con usted! “, Gritó al hombre atado a la mesa.” ¿Qué eres? “-preguntó. “Tengo que saber!”

El sujeto sonrió.

“¿Has olvidado tan fácilmente?” Dice el sujeto. “Nosotros somos ustedes.” “Somos la locura que se esconde dentro de todos ustedes, rogando ser libre en todo momento en su mente profunda animal.” “Somos lo que escondes en tu cama cada noche. Somos el silencio y la parálisis cuando usted va al refugio nocturno donde está, el sueño que no podemos pisar “.

El investigador hizo una pausa. Luego dirigió el arma al corazón del sujeto y disparó.

El EEG flatlined del sujeto se ahogo débilmente con un pitido…


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