Ilustraciones Surrealistas de la Subcultura Obscura/ Dark Culture

Dias Negros/Black Days

Frases Inolvidables de Alicia. 185 Años Lewis Carroll

Lewis Caroll (UK. 27.01.1832 – 14.01.1898)
Charles Lutwidge Dodgson: Autor de Alicia en el País de las Maravillas, Alicia a través de el Espejo, sus obras más afamadas.
Escritor, matemático, fotógrafo, sospechoso de ser Jack El Destripador
Más en : Hoy es un Día Negro / Today is a Black Day (27.01)

Introducción Hexen 26.01.2016
Más Introducciones en: Introducciones

MichaelKutsche Conejo Viejo

Conejo de Michael Kutsche

¡Qué extraño es todo hoy! ¡Y ayer sucedía todo como siempre!… ¿Habré cambiado durante la noche? Pero si no soy la misma, el asunto siguiente es ¿quién soy? ¡Ay, ése es el gran misterio!

Sabía quién era esta mañana, pero he cambiado varias veces desde entonces.

Si conocieras el tiempo tan bien como yo, no hablarías de perderlo.

Sólo unos pocos encuentran el camino, otros no lo reconocen cuando lo encuentran, otros ni siquiera quieren encontrarlo.

O el pozo era muy profundo, o ella caía muy lentamente, porque mientras descendía le sobraba tiempo para mirar alrededor y preguntarse qué iría a pasar a continuación.

Todos estamos locos acá. Yo estoy loco. Tú estás loca.

Esto no es nada comparado con lo que podría decir si quisiera.

Cuanto más haya de lo mío, menos habrá de lo tuyo.

Te regalo todo lo que dije hasta ahora.

¿Quién eres tú? – Yo… yo casi no lo sé en este momento… por lo menos sé quién era yo, pero me parece que debo haber cambiado.

Cuando leía cuentos de hadas suponía que esas cosas nunca ocurrían, y aquí estoy ahora en medio de una.

¡Que le corten la cabeza!

¿Vas a entrar realmente? Esa es la cuestión principal.

¿No sería un asesinato abandonarle?

Puedes estar segura de llegar a algún lado si sólo caminas lo suficiente.

Si cada uno cuidara su propios asuntos, el mundo giraría mucho más rápidamente.

Creo que sí, estás demente. Pero te diré un secreto: las mejores personas lo están.

De modo que ella, sentada con los ojos cerrados, casi se creía en el País de las Maravillas, aunque sabía que sólo tenía que abrirlos para que todo se transformara en obtusa realidad.

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RIP Arthur Cave. Hijo de Nick Cave cae de un acantilado

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Nick Cave’s son Arthur, 15, dies in Brighton cliff fall on Tuesday 14.07.2015

El día de ayer, martes 14 de Julio, uno de los 4 hijos de Nick Cave, Arthur de 15 años de edad, gemelo de Earl e hijo de el matrimonio actual de Nick Cave, murió en la noche después de una caída de un acantilado de la Ovingdean Gap de Sussex en Brighton a 5km de Central Brighton en donde vive Nick Cave con su familia.

Arthur cayó de 60 pies (18 metros) de altura y fue encontrado aún con vida en la costera, trás intentar ayudarlo fue llevado al Royal Sussex county hospital en donde murió por sus graves lesiones.
La policía ha descartado cualquier motivo deliberado siendo considerado un accidente fatal.

Inimaginable el período sombrío de esta perdida para Nick Cave. Condolencias

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Un Marzo de algún año perdido: Cien Corazones, Giovanni Papini (Cuento Corto)

CIEN CORAZONES
Tomado de el diario de un millonario excéntrico, enviado en cartas y publicado por otro.
Gog. Giovanni Papini

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Concord, Marzo.

Mi donación de trescientos mil dólares a la Universidad de W. me ha dado derecho a visitar, siempre que lo desee, los nuevos laboratorios.

El más perfecto -según dicen los miembros del Trustee- es el de fisiología, dirigido por el célebre Fruhestadt, alemán americanizado. Cuando le visité se realizaban grandes experimentos sobre la vida autónoma del corazón. Ya un fisiólogo italiano había conseguido hacer vivir durante algunos días un corazón de rana, extraído del animal y conservado en una solución salina. El profesor Fruhestadt investigaba si el corazón de los demás animales tiene la misma propiedad. El cerdo había respondido más que ningún otro a sus esperanzas. Pude ver dos corazones de cerdos sumergidos en un líquido casi límpido que palpitaban regularmente, como si estuviesen todavía vivos.

-Observe una cosa extraña -dijo sonriente el ayudante que me acompañaba-. El corazón del cerdo es el que más se parece al corazón del hombre, por la forma y por las dimensiones. Y no desesperamos de poder intentar el experimento con nuestra especie, si conseguimos los permisos necesarios.

Reflexionando sobre las palabras del ayudante me vino a la memoria mi colección de gigantes. El problema que me preocupaba -hacer una colección de seres vivientes que no se escapen-me pareció resuelto.

Propuse el asunto al profesor Fruhestadt. Dentro de un mes, al precio de cien dólares la pieza, debía proporcionarme la colección que deseaba. Lo he conseguido: trescientos setenta cerdos fueron sacrificados -y naturalmente vendidos a precios normales- y ahora tengo aquí, en una luminosa galería del cottage de Concord, una de las más originales colecciones del mundo.

A ambos lados, en repisas de pino, se hallan alineados cien bocales de cristal en donde están palpitando cien corazones de un rojo oscuro. En la disolución que conserva su actividad muscular -y que el asistente renueva cada día- los cien corazones se contraen con ritmo cansado e irregular, pero continuo. Cien motores de carne que trabajan en vano, separados de los aparatos que animaban.

Aquel eterno latido cardíaco sin objeto ni sentido me atrae fuertemente y me sugiere extraños pensamientos. Me complazco en imaginar, seducido por la semejanza, que poseo cien corazones de hombres, cuerpos calientes y vivos, cien corazones que sufrieron, que gozaron, que conocieron la parálisis del miedo y el aceleramiento del amor. Ahora únicamente son un simulacro de vida: se han libertado de la criatura a quien sirvieron; palpitan gratuitamente, para nada, para nadie. Tan sólo para divertirme, pues no he podido sufrir nunca los deliquios de los poetas y de los novelistas sobre el «corazón».

Este símbolo ideal de todas las imbecilidades sentimentales, de todas las eyaculaciones patéticas, aquí está reducido a su mecánica materialidad, en estos grandes bocales. Los cuerpos a que pertenecían estos corazones han muerto, las almas se han desvanecido, y este negruzco músculo, en forma de pera, continúa estúpidamente palpitando bajo el cristal, como si algo bello y noble correspondiese todavía a sus latidos.