Ilustraciones Surrealistas de la Subcultura Obscura/ Dark Culture

Cuento Corto

No es sólo una Traducción ni una Canción ni un Cuento de Terror, es Ifigenia

oswald

Spanish Translation of Goethes Erben’s  Iphigenie (Original Lyric Video Below)

“Iphigenie  de Goethes Erben incluída en el álbum Der Traum an die Erinnerung (1992) y en la recopilación para latinoamérica Iphigenies Tagebuch (2002)
Lyric Video con letra original en alemán abajo.

Introducción Hexen 31 Marzo 2016
Traducción de Arturo Finster

IFIGENIA

Verano 1943
la tierra cicatriza
la pena lastima sin misericordia
el hambre a la locura lleva

No todos los niños viven despreocupados
sólo Ifigenia baila todo el día
ella ríe mucho
y ama cada día
hasta un viernes
¿Dónde está Ifigenia?
nadie ha visto a la pequeña
¿Dónde está Ifigenia?
ella jugaba sola muy feliz
¿Dónde está Ifigenia?
la madre la llama en vano
¿Dónde está Ifigenia?
y también la busca su hermano
¿Dónde está Ifigenia?

¿Dónde está Ifigenia?
¿Dónde está Ifigenia?
¿Dónde está?

Su padre la mandó a la carnicería
para al pequeño y regordete hombre amistoso visitarle
que no quería nada de la pequeña
más que su carne,
ésta tan tierna y las reses colgando tan raras eran…
el cuchillo centellea y lacera
y silenciosamente su pequeño cuerpo….
pieza por pieza separa la carne del hueso

Es sábado a medio día
la familia se sienta a la mesa
el guisado huele delicioso
la madre se sienta a la mesa – ¿Dónde está Ifigenia?
el padre se sienta a la mesa – ¿Dónde está Ifigenia?
el hermano se sienta a la mesa – ¿Dónde está Ifigenia?
el carnicero nada sabe – ¿Dónde está Ifigenia?
el guisado sabe delicioso – delicioso – delicioso.
¿Dónde está Ifigenia?


Pequeños Juegos Mentales de Ultratumba

Bed

Pequeñas historias, reales o irreales,  que alteran por segundos el tiempo como lo conocemos y que generan pensamientos y sensaciones inquietantes en el supuesto de suceder. Una visita fugaz quizá del más allá
Leídas en Hexen 5.10.2015

Lo acuesto en la cama y me dice “Papá, fíjate si no hay monstruos debajo de la cama”. Veo por debajo de la cama sólo para divertirlo y veo a mi hijo, a otro él, debajo de la cama, mirándome fijamente, temblando y susurrándome: “Papá, hay alguien encima de mi cama”

Los doctores dijeron que el amputado podría experimentar lo que se conoce como un miembro fantasma de vez en cuando, pero nadie lo preparó para aquellos momentos en que sintió el masaje de unos dedos fríos en su mano fantasma.

No me puedo mover, respirar, hablar o escuchar y es tan obscuro todo el tiempo. Si hubiera sabido que sería tan solitario, me habrían incinerado en su lugar.

Los asistentes al funeral nunca salieron de las catacumbas. Algo cerró la puerta de la cripta desde el interior.

Estaba soñando plácidamente cuando el sonido de un martilleo me despertó. Después de eso apenas pude oir el sonido sordo de la tierra cubriendo mi ataúd sobre mis propios gritos.

No tengas miedo de los monstruos, sólo búscalos. Mira a tu izquierda, a tu derecha, debajo de la cama, detrás del tocador, en tu closet, pero nunca mires arriba, ella odia ser vista.

Me desperté al oir golpes en el vidrio. Al principio pensé que era la ventana hasta que oí que el ruido venía otra vez del espejo.

Estas acostado con el pie colgando de la cama fuera de las colcha. Sientes una mano que jala tu pie.

Lograron la primera congelación criogénica con éxito. El no tenía forma de hacerles saber que aún estaba consciente.

Se preguntó por qué ella estaba reflejando dos sombras…Después de todo, sólo había una bombilla de luz.

Esa cara sonriente me miró fijamente en la obscuridad detrás de la ventana de mi dormitorio. Yo vivo en el catorceavo piso.

Había una foto mía durmiendo en mi teléfono. Vivo solo

Llegas a casa cansado después de un largo día de trabajo y listo para descansar, sólo y relajadamente. Alcanzas el switch para prender la luz pero otra mano ya está ahí.

Mi hija no para de llorar y gritar a media noche. La visito en su tumba y le pido que pare, pero no sirve de nada.

Le doy el beso de buenas noches a mi esposa y a mi hija antes de irme a dormir. Cuando despierto estoy en una habitación acolchada y las enfermeras me dicen que era sólo un sueño.

Después de un dia duro de trabajo, llegué a casa y vi a mi novia arrullando a nuestro hijo. No sé que fue más aterrador. Ver a mi novia muerta con mi hijo nacido muerto o saber que alguien entró en mi casa para colocarlos ahí.

Oyes que tu mamá te llama desde la cocina. Mientras te diriges bajando la escalera, escuchas un murmullo que viene del closet “No vayas cariño, yo también lo escuché”

Entre más la uso, más crece en mi. Ella tenía una piel tan linda.

“No puedo dormir” me susurró mientras se metía en mi cama. Desperté frío y abrazando el vestido con el que fue enterrada.

Siempre pensé que mi gata tenía un problema de fijación en la vista. Siempre parecía obsesionada con mi cara. Hasta que un día me di cuenta que ella siempre estaba mirando justo detrás de mi.


Un Marzo de algún año perdido: Cien Corazones, Giovanni Papini (Cuento Corto)

CIEN CORAZONES
Tomado de el diario de un millonario excéntrico, enviado en cartas y publicado por otro.
Gog. Giovanni Papini

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Concord, Marzo.

Mi donación de trescientos mil dólares a la Universidad de W. me ha dado derecho a visitar, siempre que lo desee, los nuevos laboratorios.

El más perfecto -según dicen los miembros del Trustee- es el de fisiología, dirigido por el célebre Fruhestadt, alemán americanizado. Cuando le visité se realizaban grandes experimentos sobre la vida autónoma del corazón. Ya un fisiólogo italiano había conseguido hacer vivir durante algunos días un corazón de rana, extraído del animal y conservado en una solución salina. El profesor Fruhestadt investigaba si el corazón de los demás animales tiene la misma propiedad. El cerdo había respondido más que ningún otro a sus esperanzas. Pude ver dos corazones de cerdos sumergidos en un líquido casi límpido que palpitaban regularmente, como si estuviesen todavía vivos.

-Observe una cosa extraña -dijo sonriente el ayudante que me acompañaba-. El corazón del cerdo es el que más se parece al corazón del hombre, por la forma y por las dimensiones. Y no desesperamos de poder intentar el experimento con nuestra especie, si conseguimos los permisos necesarios.

Reflexionando sobre las palabras del ayudante me vino a la memoria mi colección de gigantes. El problema que me preocupaba -hacer una colección de seres vivientes que no se escapen-me pareció resuelto.

Propuse el asunto al profesor Fruhestadt. Dentro de un mes, al precio de cien dólares la pieza, debía proporcionarme la colección que deseaba. Lo he conseguido: trescientos setenta cerdos fueron sacrificados -y naturalmente vendidos a precios normales- y ahora tengo aquí, en una luminosa galería del cottage de Concord, una de las más originales colecciones del mundo.

A ambos lados, en repisas de pino, se hallan alineados cien bocales de cristal en donde están palpitando cien corazones de un rojo oscuro. En la disolución que conserva su actividad muscular -y que el asistente renueva cada día- los cien corazones se contraen con ritmo cansado e irregular, pero continuo. Cien motores de carne que trabajan en vano, separados de los aparatos que animaban.

Aquel eterno latido cardíaco sin objeto ni sentido me atrae fuertemente y me sugiere extraños pensamientos. Me complazco en imaginar, seducido por la semejanza, que poseo cien corazones de hombres, cuerpos calientes y vivos, cien corazones que sufrieron, que gozaron, que conocieron la parálisis del miedo y el aceleramiento del amor. Ahora únicamente son un simulacro de vida: se han libertado de la criatura a quien sirvieron; palpitan gratuitamente, para nada, para nadie. Tan sólo para divertirme, pues no he podido sufrir nunca los deliquios de los poetas y de los novelistas sobre el «corazón».

Este símbolo ideal de todas las imbecilidades sentimentales, de todas las eyaculaciones patéticas, aquí está reducido a su mecánica materialidad, en estos grandes bocales. Los cuerpos a que pertenecían estos corazones han muerto, las almas se han desvanecido, y este negruzco músculo, en forma de pera, continúa estúpidamente palpitando bajo el cristal, como si algo bello y noble correspondiese todavía a sus latidos.


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